No son nuestros el frescor del aire ni los reflejos del agua, es un prestamo de nuestras generaciones futuras.
Somos un pedazo de esta tierra; estamos hechos de una parte de ella. La flor perfumada, el ciervo, el caballo, el águila majestuosa: todos son nuestros hermanos. Las rocas de las cumbres, el jugo de la hierba fresca, la calor de la piel del caballo: todo pertenece a nuestra generaciones futuras.
Nos toca a nosotros, la generación presente, tratar a la naturaleza con el corazón.
Tenemos por sagrado cada rincón de esta tierra.
La hoja resplandeciente; la arenosa playa; la niebla dentro del bosque; el claro en la arboleda y el zumbido del insecto son experiencias sagradas.
A nosotros nos deleita el ligero murmullo del viento fregando la cara del lago y su olor después de la lluvia del mediodía, con su peculiar fragancia.
Porque todo lo que le pasa a la naturaleza, bien pronto le pasa también al hombre. Todas las cosas están ligadas entre sí.
El hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red que es la vida, sólo es un hijo.
El respeto a la vida, por nuestras generaciones futuras. |